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Los adultos de hoy no tuvieron que recibir charlas de sus padres acerca de los peligros que podían encontrar en la web, o de los virus que allí circulan, o del comportamiento que hay que asumir frente a las redes sociales, o del peligro de entablar conversaciones virtuales con extraños. Pero los papás de hoy se ven cada día más obligados a prepararse mejor, a actualizarse y a estar informados sobre las múltiples realidades que se viven en el entorno de sus hijos para brindarles las lecciones adecuadas. 

enplenitud.com

Las nuevas generaciones han nacido junto a la tecnología, acceden muy pronto a la web, a las redes sociales, a los chats, a los juegos on-line. También avanzan al ritmo vertiginoso con que lo hace el mundo tecnológico; indudablemente aprenden con mayor facilidad. Estamos hablando entonces de niños que están expuestos a un universo sin fronteras a tempranas edades, que tienen el mundo a sus pies con sólo un clic; lo cual representa una gran cantidad de beneficios, pero al mismo tiempo, algunos riesgos que hacen perentoria la orientación de los padres.
Para ello hemos recopilado en estos siete puntos, los principios a los que deben recurrir los padres para facultar a sus hijos en el buen uso y manejo de las diferentes posibilidades que ofrece la web.

1. Tomar parte activa
Es frecuente encontrar que algunos padres se consideren “invalidados” en estos temas de tecnología y se escuden en pretextos facilistas como por ejemplo que nacieron en otra época o que nunca podrán lograr el conocimiento que tienen los chicos de hoy. Esta actitud pasiva puede conducir a riesgos inevitables que lamentarán más tarde, pues dejar solos a los hijos en este camino, es un gran error.
Urge que los padres se empapen de todo este universo virtual, que conozcan en cabeza propia qué es un chat, una red social, un correo sospechoso, un juego on-line que parece confiable pero que lleva a insinuaciones nocivas, una página web pornográfica que aparece en medio de una sana búsqueda de una tarea escolar. Recordemos que hay tantos peligros en las calles, como en las computadoras. Por eso no está de más actualizarnos en el uso de filtros y bloqueos que garanticen que nuestros hijos no tengan acceso a determinadas páginas.

2. Llegar a tiempo
Los padres sabemos que hay temas “obligados” en la formación de los hijos (educación sexual, drogas, alcohol, amigos, proyecto de vida, etc.) en los cuales somos los primeros educadores. Pero el uso de las nuevas tecnologías también ha tomado un lugar en este grupo de conversaciones que requieren abordarse a tiempo.
No es la intención demonizar ni tachar de maléficas las herramientas tecnológicas, pues queramos o no, éstas hacen parte de su vida y en la actualidad, también de la nuestra, con todos los beneficios que esto representa. Lo que se debe hacer, es presentar a los hijos el repertorio de situaciones con las que pueden toparse en la web y ponerlos en situación de “pensar” qué podrían hacer o como deberían actuar, para juntos establecer pautas. Lo anterior es saludable porque no sólo los entrena gradualmente en la toma de decisiones y de postura crítica frente al ambiente, sino que les hace saber que no están solos, que los padres estamos ahí para acompañarlos, antes de que ellos se vean envueltos en situaciones que no tienen la madurez para resolver.

3. Mejor educar que prohibir
Lo prohibido se convierte en tentación; es una realidad irrefutable. Además sería ilógico y contraproducente prohibir el uso de la computadora a un niño en pleno siglo XXI, cuando son tan estupendas las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías.
Lo anterior saca de nuevo a relucir la importancia de “educar” en el uso de estos medios, de brindarles a los hijos el acompañamiento y los instrumentos necesarios para hacer de la tecnología una aliada de la formación y del sano esparcimiento.

4. Lo bueno y lo malo en el mundo real, también lo es en el mundo virtual
Esto es obvio, porque el internet al ser una invención humana tiene todo lo bueno y lo malo que ha producido la humanidad. En este punto podemos apoyarnos en una de las armas educativas más poderosas que tenemos y que tienen nuestros hijos, que es la conciencia. Esa voz interior que nos dice que algo está bien o mal.
La privacidad y el derecho a la intimidad por ejemplo, son válidos en lo real y en lo digital. ¡Internet sí que tiene memoria! Todos sabemos que difícilmente se borra lo que allí queda consignado sobre una persona.
El mismo criterio se aplica a la correcta expresión de nuestras ideas y a todo lo que tenga que ver con nuestra libertad personal. Al igual que en el mundo real, las apariencias en la red pueden ser engañosas, aunque más difíciles de desenmascarar. Hay que explicar a los hijos que muchas veces creemos que el mundo virtual ofrece libertades personales que no se pueden tener en el mundo real, como es mentir acerca de la identidad, pero en últimas, al igual que en la vida real… ¿Quién engaña a quien? ¿Son esas las relaciones personales que gratifican y que te hacen mejor persona?

5. Enseñar el concepto de privacidad y el cuidado de sí mismo
Además de tomar medidas en casa para controlar el uso del computador, y de no ubicar estos aparatos dentro de las habitaciones de los niños, se debe educar en valores y virtudes que harán de los hijos personas maduras y autónomas, pues está claro que los padres no pueden estar controlando qué hacen sus hijos en todo momento. Un claro concepto de la privacidad, del pudor y del cuidado de sí mismo, son claves para que los hijos aprendan a desarrollar su criterio propio.
La meta es lograr que los hijos puedan identificar cuándo hay una situación de riesgo y el momento de abandonar esa conversación o esa acción perjudicial.

6. Promover la autoestima
Estimular en los niños la autoestima, les ayuda a tomar decisiones asertivas, a desenvolverse con seguridad, a expresar adecuadamente sus sentimientos, a tener el valor suficiente para enfrentar dificultades; todo esto hace que disminuyan las probabilidades de caer en circunstancias adversas.
La seguridad en sí mismo y la propia valoración se logran entre otras, gracias al ambiente familiar positivo y sólido en el que se desarrollen los seres humanos.

7. Generar confianza y vías de comunicación
Para finalizar, uno de los principios cardinales en la educación: el diálogo. Nada más fructuoso que una relación de confianza entre padres e hijos, que goce de líneas abiertas de comunicación, de forma que cuando algo ocurra, los hijos tengan pleno acceso a sus padres.
Cuando los niños callan, puede deberse a la falta de confianza que hay en la relación con sus padres o al temor de recibir reproches, en lugar de amor y comprensión.

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